El agua de mar: mitos sobre su consumo y salud

waves on sea shore

El océano contiene prácticamente todos los elementos que solemos asociar con la hidratación: agua, sodio, cloruro, magnesio, calcio, potasio y numerosos minerales en cantidades mucho menores.

De ahí nace una idea aparentemente lógica: si nuestro organismo necesita agua y electrolitos, ¿podría el agua de mar ser una buena forma de obtenerlos?

La pregunta es legítima. La respuesta, sin embargo, requiere separar tres cosas que con frecuencia se confunden: lo que contiene el agua de mar, lo que esos minerales hacen dentro del organismo y lo que realmente se ha demostrado que ocurre cuando una persona bebe agua de mar.

No son lo mismo, y entender esa diferencia cambia considerablemente la conversación.

El agua de mar sí es una solución mineral extraordinariamente compleja

El agua de los océanos tiene una salinidad promedio cercana al 3,5 %, aproximadamente 35 gramos de sales por kilogramo de agua. El sodio y el cloruro constituyen la mayor parte de sus iones disueltos, acompañados de magnesio, sulfato, calcio, potasio y numerosos elementos presentes en concentraciones mucho menores.

Esto está bien establecido por la química marina.

Pero decir que el agua de mar contiene minerales que nuestro organismo necesita es muy diferente a decir que constituye una fuente ideal de esos minerales.

Nuestro cuerpo mantiene la concentración de electrolitos dentro de márgenes estrechos. El sodio, el potasio, el calcio y el magnesio participan en procesos fundamentales como la transmisión nerviosa, la contracción muscular, el equilibrio de líquidos y muchas reacciones metabólicas. Sin embargo, más cantidad no significa necesariamente mejor funcionamiento.

En fisiología, el equilibrio importa tanto como la presencia del nutriente.

La mayor dificultad del agua de mar está precisamente ahí: contiene mucha más sal de la que normalmente necesitamos en una bebida.

Agua de mar y plasma sanguíneo: parecidos, pero no equivalentes

Una afirmación frecuente sostiene que el agua de mar tiene una composición similar a la del plasma sanguíneo.

Existe una pequeña parte de verdad que puede generar una conclusión equivocada.

Tanto el plasma como el agua de mar contienen sodio, cloruro, magnesio, calcio, potasio y otros elementos. Pero las concentraciones y proporciones son diferentes, y el plasma humano es un medio biológico extraordinariamente más complejo que una solución mineral.

El plasma contiene proteínas, nutrientes, hormonas, metabolitos y numerosos componentes regulados continuamente por el organismo.

Tampoco tienen la misma concentración osmótica.

La osmolalidad normal del plasma humano se mantiene aproximadamente entre 275 y 295 mOsm/kg. El agua de mar, en cambio, es considerablemente más concentrada. Por eso se considera una solución hipertónica respecto a nuestros líquidos corporales.

Esta diferencia tiene consecuencias.

Cuando ingerimos una solución muy concentrada en sales, el organismo necesita manejar esa carga osmótica y eliminar el exceso de sodio principalmente a través de los riñones.

Por eso beber agua de mar pura no equivale a hidratarse con agua enriquecida con minerales.

Entonces, ¿el agua de mar hidrata?

Aquí conviene abandonar los extremos.

No es correcto decir simplemente que cualquier cantidad de agua de mar “deshidrata”, pero tampoco existe fundamento para presentarla como una forma superior de hidratación.

La hidratación depende de muchas variables: cantidad de líquido ingerido, concentración de electrolitos, pérdidas por sudor, actividad física, temperatura ambiental, alimentación y estado fisiológico de la persona.

Sabemos, por ejemplo, que en determinadas situaciones de ejercicio prolongado o sudoración intensa las bebidas que contienen electrolitos pueden ayudar a reponer parte del sodio y de los líquidos perdidos. También sabemos que la osmolalidad de una bebida influye en su absorción y retención.

Una revisión sistemática y metaanálisis sobre hidratación durante ejercicio encontró que determinadas bebidas hipotónicas con carbohidratos y electrolitos pueden favorecer algunos parámetros de hidratación frente a soluciones isotónicas o hipertónicas.

Pero eso no significa que diluir agua de mar produzca automáticamente una bebida de hidratación óptima.

Las soluciones estudiadas en nutrición deportiva tienen composiciones específicas de sodio, carbohidratos y otros componentes. La evidencia disponible no permite afirmar que una mezcla casera de una parte de agua de mar y tres partes de agua dulce sea superior al agua o constituya una estrategia ideal de hidratación cotidiana.

Que una bebida sea aproximadamente isotónica no significa automáticamente que sea necesaria, saludable u óptima.

Diagrama que ilustra las diferentes versiones del agua: hipotónica, isotónica y hipertónica, cada una con su respectiva descripción sobre la concentración de solutos.

¿Y los minerales del océano?

Aquí aparece una zona interesante de investigación.

Algunos pequeños ensayos clínicos han estudiado aguas minerales obtenidas a partir de agua oceánica profunda y posteriormente procesadas para modificar su contenido de sal conservando determinados minerales.

Algunos de estos estudios han observado posibles efectos sobre recuperación después del ejercicio, rehidratación y ciertos parámetros intestinales.

Los resultados justifican continuar investigando.

Pero requieren una precisión fundamental: estos estudios no evaluaron simplemente beber agua de mar del océano.

Evaluaron productos procesados con composiciones minerales específicas y, en varios casos, en grupos pequeños de participantes y circunstancias experimentales muy concretas.

Por eso no podemos extrapolar esos resultados y afirmar que el consumo habitual de agua de mar mejora la recuperación, el metabolismo, la microbiota o la salud general.

La evidencia humana todavía es limitada.

Lo que el agua de mar no ha demostrado hacer

La presencia de minerales ha llevado a atribuir al agua de mar numerosos beneficios: fortalecer el sistema inmunitario, regenerar las células, alcalinizar el organismo, desintoxicar, mejorar la “conductividad celular”, restaurar el “terreno biológico” o prevenir enfermedades.

Actualmente no existe evidencia clínica sólida que permita atribuirle esos efectos.

Uno de los ejemplos más claros es la supuesta capacidad de “alcalinizar” el organismo.

Nuestro pH sanguíneo no depende simplemente de que consumamos alimentos o bebidas considerados ácidos o alcalinos. El organismo lo mantiene dentro de un margen extraordinariamente estrecho mediante sistemas fisiológicos en los que participan principalmente pulmones, riñones y sistemas tampón químicos.

Una bebida no “neutraliza la acidez metabólica” producida por el estrés o por una supuesta alimentación ácida en una persona sana.

Si el pH sanguíneo se altera significativamente, estamos ante un problema médico, no ante una situación que deba corregirse tomando una bebida alcalina.

Esta distinción puede parecer pequeña, pero representa algo importante en salud: un mecanismo plausible no es lo mismo que un beneficio clínicamente demostrado.

La historia del experimento de René Quinton

El día en que el agua de mar sustituyó la sangre

Infografía del experimento de Quinton que muestra el proceso paso a paso de extracción de sangre de un perro, preparación de una solución isotónica de agua de mar y su uso en recuperación médica en el Hospital Necker en París alrededor de 1900.

René Quinton y el llamado “plasma marino”

Gran parte de la popularidad moderna del consumo de agua de mar se relaciona con René Quinton, un fisiólogo y naturalista francés que a finales del siglo XIX y comienzos del XX desarrolló la idea de que el medio interno de los organismos conservaba características del océano primitivo.

Quinton realizó experimentos con animales y promovió preparaciones de agua de mar diluida que posteriormente se conocieron como “plasma de Quinton”.

Su historia forma parte de la historia de la fisiología y de las terapias marinas, y sus ideas despertaron interés en su época.

Pero debemos juzgarlas dentro de su contexto histórico.

Los experimentos realizados hace más de un siglo no cumplen los estándares metodológicos de la investigación biomédica contemporánea y no demuestran que el agua de mar pueda sustituir la sangre, regenerar células o tratar enfermedades.

Hoy sabemos además que una solución salina puede compartir determinadas propiedades osmóticas con el plasma sin ser equivalente al plasma ni mucho menos a la sangre.

La historia de Quinton es interesante.

No constituye, por sí misma, evidencia clínica.

Hay otro problema: el océano no es una fuente de agua potable

Si alguien decide experimentar con productos derivados del agua de mar, existe una diferencia fundamental entre un producto procesado para consumo humano y recoger agua directamente del océano.

Las aguas marinas pueden contener microorganismos, contaminantes y toxinas naturales.

Los CDC advierten, por ejemplo, que especies de Vibrio viven naturalmente en aguas costeras y pueden provocar enfermedad cuando son ingeridas. Las floraciones algales nocivas también pueden producir toxinas capaces de afectar a los seres humanos.

Por eso no recomendamos recoger agua directamente del mar para beberla, independientemente de que posteriormente se diluya.

Que el agua se vea limpia no garantiza que sea microbiológicamente segura.

El sodio también importa

Hay otra paradoja que vale la pena considerar.

Mientras algunas tendencias de bienestar promueven aumentar deliberadamente la ingesta de sal o electrolitos, las autoridades sanitarias continúan enfrentándose al problema opuesto a nivel poblacional: muchas personas consumen demasiado sodio.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de 2.000 mg de sodio al día y señala que una ingesta elevada está relacionada con aumento de la presión arterial y mayor riesgo cardiovascular.

Eso no significa que el sodio sea malo. Es un nutriente esencial.

Significa que su necesidad depende del contexto.

Una persona que realiza ejercicio prolongado bajo calor intenso y pierde grandes cantidades de sodio por el sudor no se encuentra en la misma situación que una persona sedentaria con hipertensión que ya consume abundante sodio mediante su alimentación.

Por eso las recomendaciones universales sobre electrolitos rara vez son buenas recomendaciones.

Y es otra razón por la que no tiene sentido presentar el consumo diario de agua de mar como una práctica saludable para todo el mundo.

Entonces, ¿deberíamos beber agua de mar?

Después de revisar la evidencia, la respuesta requiere más matices de los que suele ofrecer internet.

El agua de mar contiene una gran diversidad de minerales. Eso es cierto.

Algunas aguas minerales derivadas del océano profundo y posteriormente procesadas están siendo estudiadas y han producido resultados preliminares interesantes en áreas como hidratación y recuperación física.

También es cierto.

Pero actualmente no existe evidencia clínica sólida que demuestre que beber agua de mar de forma habitual produzca beneficios especiales para la salud en personas sanas, ni que regenere células, fortalezca el sistema inmunitario, desintoxique el organismo, alcalinice la sangre o prevenga enfermedades.

Tampoco existe evidencia suficiente para recomendar una dilución determinada de agua de mar como bebida cotidiana.

Para la mayoría de las personas, el agua potable y una alimentación nutricionalmente adecuada proporcionan el agua y los minerales necesarios. En situaciones específicas de pérdidas importantes de líquidos y electrolitos —ejercicio prolongado, calor extremo, enfermedad o determinadas condiciones médicas— las necesidades pueden cambiar y deben abordarse según el contexto.

El océano sigue siendo una extraordinaria reserva mineral.

Pero admirar su complejidad no exige atribuirle propiedades que todavía no hemos demostrado.

Quizás esa sea una de las lecciones más importantes cuando hablamos de salud: que algo sea natural, ancestral o biológicamente interesante no significa automáticamente que sea terapéutico.

La curiosidad nos invita a investigar.

La evidencia nos dice hasta dónde podemos llegar.

Precauciones

No bebas agua recogida directamente del océano. Si consumes un producto derivado de agua de mar, utiliza únicamente productos destinados y procesados específicamente para consumo humano y revisa su contenido de sodio.

Las personas con hipertensión, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca, alteraciones del equilibrio de sodio o líquidos, o que tengan indicaciones médicas de restringir sodio deberían consultar con un profesional sanitario antes de utilizar productos concentrados en sales o electrolitos.

Este artículo tiene fines educativos y no sustituye el diagnóstico, tratamiento o asesoramiento individual de un profesional sanitario.

Referencias científicas

National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA). Why is the ocean salty? Información sobre composición iónica y salinidad media del agua oceánica.

World Health Organization (WHO). Sodium reduction. Recomendaciones actuales sobre consumo de sodio y riesgos asociados con una ingesta elevada.

World Health Organization (WHO). Guidelines for drinking-water quality. Marco internacional para la seguridad del agua destinada al consumo humano.

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). About Vibrio Infection. Información sobre bacterias Vibrio presentes naturalmente en aguas costeras y vías de exposición.

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Harmful Algal Bloom-Associated Illness. Información sobre toxinas producidas por determinadas floraciones algales marinas.

Rowlands DS, Kopetschny BH, Badenhorst CE. The Hydrating Effects of Hypertonic, Isotonic and Hypotonic Sports Drinks and Waters on Central Hydration During Continuous Exercise: A Systematic Meta-Analysis and Perspective.Sports Medicine. 2022.

Borra V, et al. Oral Rehydration Beverages for Treating Exercise-Associated Dehydration: A Systematic Review, Part I. Carbohydrate-Electrolyte Solutions. Journal of Athletic Training. 2025.

Keen DA, et al. The impact of post-exercise hydration with deep-ocean mineral water on rehydration and exercise performance. Journal of the International Society of Sports Nutrition. 2016.

Hou CW, et al. Deep ocean mineral water accelerates recovery from physical fatigue. Journal of the International Society of Sports Nutrition. 2013.

Kishimoto Y, et al. Health Effects of Drinking Water Produced from Deep Sea Water: A Randomized Double-Blind Controlled Trial. Nutrients. 2022.

Fuentes :

⁠OMS — Sodium reduction
⁠OMS — Guidelines for drinking-water quality 2026
⁠NOAA — Why is the ocean salty?
⁠CDC — About Vibrio Infection
⁠CDC — Saltwater harmful algal blooms
⁠PubMed — Meta-análisis sobre bebidas hipotónicas, isotónicas e hipertónicas
⁠PubMed — Revisión sistemática sobre rehidratación y electrolitos
⁠PubMed — Deep-ocean mineral water y rehidratación
⁠PubMed — Deep-ocean mineral water y recuperación física
⁠PubMed — Ensayo controlado con agua derivada del océano profundo

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