Grounding: Conexión con la Tierra y Bienestar

barefoot man standing on sand

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que caminar descalzos formaba parte de la vida cotidiana. Nuestros pies tocaban tierra, arena y pasto con mucha más frecuencia que hoy. Pasábamos más tiempo al aire libre y nuestra relación con el entorno natural era inevitablemente más cercana.

La vida moderna cambió eso.

Vivimos entre edificios, automóviles, superficies artificiales, zapatos y pantallas. Podemos pasar días enteros sin tocar directamente el suelo natural. De esa observación sencilla surgió una práctica que en los últimos años ha despertado interés tanto en el mundo del bienestar como en algunos grupos de investigación: el grounding, también conocido como earthing.

La idea resulta atractiva: volver a poner el cuerpo en contacto directo con la Tierra.

Pero una pregunta es que algo resulte intuitivo y otra muy distinta que sus beneficios estén demostrados científicamente.

Entonces, ¿qué sabemos realmente sobre el grounding?

¿Qué es el grounding?

En su forma más simple, grounding significa poner la piel en contacto directo con una superficie natural, por ejemplo caminar descalzo sobre césped, tierra o arena.

En los estudios científicos también se han utilizado esterillas, sábanas, parches y otros materiales conductores conectados eléctricamente a tierra.

La hipótesis que ha impulsado buena parte de esta investigación parte de una realidad física: la superficie terrestre posee un potencial eléctrico y conectar un cuerpo conductor a tierra puede modificar su potencial eléctrico.

A partir de ahí se ha propuesto una hipótesis mucho más ambiciosa: que esa conexión podría permitir movimientos de carga eléctrica capaces de producir determinados efectos fisiológicos.

Aquí conviene separar cuidadosamente ambas ideas.

Que el cuerpo pueda conectarse eléctricamente a tierra pertenece a la física. Que esa conexión produzca beneficios clínicamente importantes mediante transferencia de electrones, reducción del estrés oxidativo o de la inflamación sigue siendo una hipótesis en investigación.

La diferencia importa.

Un mecanismo plausible no es lo mismo que un beneficio demostrado.

¿Qué ha encontrado la investigación?

La investigación específica sobre grounding sigue siendo relativamente pequeña. Existen estudios piloto, experimentos controlados y algunos ensayos aleatorizados que han observado cambios interesantes en variables relacionadas con el sueño, el dolor, el estrés y la regulación autonómica.

Pero muchos de estos estudios tienen muestras pequeñas y todavía existe poca replicación independiente. Por eso los resultados deben interpretarse como señales que justifican continuar investigando, no como prueba definitiva de que el grounding prevenga o trate enfermedades.

Grounding y sueño

El sueño es probablemente una de las áreas más interesantes de la investigación reciente.

Uno de los primeros estudios examinó a doce participantes que durmieron conectados a tierra y observó cambios en sus perfiles diarios de cortisol, además de mejoras subjetivas en sueño, dolor y estrés. El tamaño de la muestra, sin embargo, era demasiado pequeño para establecer conclusiones generales.

Más recientemente, un ensayo piloto aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo publicado en 2025 estudió a 60 participantes utilizando esterillas de grounding durante aproximadamente un mes.

Los investigadores observaron mejoras en varias escalas relacionadas con sueño e insomnio y un aumento del tiempo total de sueño en el grupo de intervención.

Es un resultado interesante porque utiliza un diseño experimental más sólido que muchos trabajos anteriores. Aun así, sigue siendo un estudio piloto. Será necesaria su reproducción en poblaciones mayores y por diferentes equipos de investigación antes de concluir que el grounding constituye una intervención eficaz para mejorar el sueño.

Tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que aumenta específicamente el sueño profundo, una afirmación que a veces aparece en contenidos sobre earthing.

Por ahora, la formulación más rigurosa sería esta:

algunos estudios preliminares sugieren que el grounding podría influir favorablemente en determinadas medidas de sueño, pero todavía no sabemos con suficiente certeza la magnitud ni la consistencia de ese efecto.

Estrés y sistema nervioso

También se han investigado posibles cambios en el sistema nervioso autónomo.

Un pequeño estudio doble ciego encontró modificaciones en la variabilidad de la frecuencia cardíaca —HRV— durante períodos de grounding en comparación con una condición simulada.

La HRV es una medida relacionada con la regulación autonómica, pero encontrar una modificación en ella no significa automáticamente que el grounding “equilibre el sistema nervioso” o saque al organismo de un supuesto estado permanente de alerta.

Es una señal fisiológica interesante que necesita más investigación.

Lo mismo ocurre con el cortisol.

Se han descrito cambios en el patrón de cortisol durante el sueño en estudios pequeños, pero todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que caminar descalzo reduzca de manera predecible el cortisol o trate el estrés crónico.

Hay, sin embargo, otra parte de esta historia para la que disponemos de evidencia considerablemente mayor.

Tal vez no todo sea electricidad

Imagina algo muy sencillo.

Termina la tarde. Dejas el teléfono. Sales de casa. Caminas lentamente por un parque o por la playa. Te quitas los zapatos. Sientes la temperatura del suelo. Respiras más despacio. Durante veinte minutos no estás trabajando, respondiendo mensajes ni mirando una pantalla.

Después dices: “Esto me hizo bien.”

Probablemente tengas razón.

La pregunta científica es por qué.

¿Fue la conexión eléctrica con la Tierra?

¿Fue caminar?

¿La naturaleza?

¿La luz exterior?

¿La reducción temporal de estímulos?

¿El cambio de atención?

¿O una combinación de todo lo anterior?

Todavía no lo sabemos.

Y esta distinción es importante porque la evidencia científica sobre exposición a la naturaleza es considerablemente más extensa que la evidencia específica sobre grounding.

Revisiones sistemáticas han encontrado asociaciones y efectos favorables de la exposición a entornos naturales sobre estrés percibido y diferentes indicadores fisiológicos de estrés. Otros trabajos han encontrado relaciones con bienestar, salud mental, actividad física y sueño.

Esto no demuestra que el grounding funcione mediante transferencia de electrones.

Demuestra algo diferente y quizá igualmente valioso: pasar tiempo en contacto con entornos naturales puede formar parte de un estilo de vida saludable.

Por eso sería un error atribuir automáticamente cada sensación de calma después de caminar descalzo a un mecanismo eléctrico.

Pero sería igualmente innecesario concluir que, porque todavía no comprendemos o no hemos demostrado ese mecanismo, la experiencia carece de valor.

Podemos aceptar ambas cosas al mismo tiempo.

¿Puede reducir la inflamación o el dolor?

Esta es otra área donde conviene bajar el volumen de algunas afirmaciones populares.

Se han publicado pequeños estudios que han observado modificaciones en determinados marcadores asociados con inflamación, recuperación muscular y percepción del dolor.

Por ejemplo, un estudio piloto sobre dolor muscular de aparición tardía después del ejercicio encontró diferencias en algunas variables inmunológicas, bioquímicas y de dolor entre participantes conectados y no conectados a tierra.

El problema es el tamaño del estudio: participaron solamente ocho personas.

Otros trabajos también han reportado disminuciones de dolor y cambios fisiológicos, pero el conjunto de evidencia sigue siendo insuficiente para considerar el grounding una terapia antiinflamatoria o analgésica establecida.

Mucho menos para utilizarlo como tratamiento de enfermedades inflamatorias, autoinmunes o cardiovasculares.

Es una diferencia fundamental:

investigar un posible efecto sobre inflamación no equivale a haber demostrado que una práctica trate enfermedades inflamatorias.

Entonces, ¿vale la pena practicar grounding?

Aquí podemos ser más prácticos que dogmáticos.

No necesitas creer que caminar descalzo transfiere electrones capaces de neutralizar radicales libres para salir a caminar sobre la arena.

Tampoco necesitas esperar veinte años de investigación para sentarte en el pasto.

Si disfrutas hacerlo, el grounding natural puede incorporarse como una práctica sencilla dentro de algo mucho más amplio: pasar tiempo al aire libre, caminar, moverte, recibir luz natural, reducir estímulos y recuperar contacto con el entorno que te rodea.

Puedes probar cosas simples:

  • caminar descalzo sobre césped, arena o tierra cuando el lugar sea seguro;
  • sentarte en un parque y apoyar los pies directamente sobre el suelo;
  • caminar por la playa;
  • trabajar ocasionalmente en el jardín;
  • utilizar esos momentos para dejar el teléfono y prestar atención al entorno.

No existe actualmente una “dosis” científicamente establecida de grounding. Por eso recomendaciones frecuentes como 10, 20 o 30 minutos diarios deben entenderse como sugerencias prácticas, no como protocolos médicos demostrados.

Y tampoco necesitamos convertirlo en otra obligación.

El objetivo no debería ser mirar el reloj esperando que veinte minutos produzcan una determinada respuesta hormonal.

Puede ser mucho más sencillo.

Salir. Caminar. Sentir el suelo. Estar un rato afuera.

¿Qué ocurre con las sábanas y esterillas de grounding?

Los dispositivos de grounding domésticos merecen una consideración diferente.

Algunos de los estudios científicos han utilizado precisamente esterillas o sistemas conductores conectados a tierra, incluido el ensayo sobre sueño publicado en 2025.

Eso significa que estos dispositivos pueden estudiarse científicamente y que existen resultados preliminares interesantes.

No significa que todos los productos comerciales hayan demostrado producir beneficios para la salud.

Si alguien decide utilizarlos, es importante que el sistema eléctrico de la vivienda tenga una conexión a tierra correctamente instalada y que el dispositivo se utilice siguiendo las instrucciones del fabricante. Una instalación eléctrica defectuosa no es un experimento de bienestar.

Y, por supuesto, ningún dispositivo de grounding debería sustituir el diagnóstico o tratamiento de problemas como insomnio persistente, dolor crónico, hipertensión, enfermedad cardiovascular, trastornos de ansiedad o enfermedades inflamatorias.

Lo interesante del grounding quizá sea precisamente su sencillez

En salud existe una tendencia comprensible a buscar mecanismos extraordinarios.

Queremos saber qué molécula aumenta, qué vía metabólica se activa, qué hormona disminuye y qué marcador cambia.

A veces esas explicaciones terminan siendo correctas.

Otras veces llegan mucho antes que la evidencia.

El grounding se encuentra todavía en ese territorio.

Hay una hipótesis bioeléctrica interesante. Existen pequeños estudios en humanos con resultados favorables. Un ensayo reciente sobre sueño añade una señal que merece ser investigada. Pero todavía no existe un cuerpo de evidencia suficientemente amplio e independiente para presentar sus beneficios fisiológicos como hechos establecidos.

Eso no obliga a abandonar la práctica.

Obliga a describirla correctamente.

Porque quizá caminar descalzo no necesite convertirse en una terapia.

Puede ser simplemente una oportunidad para hacer algo que la vida moderna nos permite hacer cada vez menos: salir, movernos, abandonar las pantallas durante un rato y volver a prestar atención al mundo físico.

Si futuras investigaciones demuestran que la conexión eléctrica con la Tierra produce además efectos fisiológicos específicos y clínicamente relevantes, tendremos una razón adicional.

Mientras tanto, podemos disfrutar del suelo bajo nuestros pies sin pedirle a la ciencia que diga más de lo que realmente sabe.


Referencias científicas

Park HJ, et al. (2025). A randomized, double-blind, placebo-controlled study on the improvement of sleep quality with Earthing mat. Advances in Integrative Medicine.
Ensayo piloto aleatorizado y doble ciego sobre grounding y sueño.

Chevalier G, Sinatra ST, Oschman JL, et al. (2012). Earthing: Health Implications of Reconnecting the Human Body to the Earth’s Surface Electrons. Journal of Environmental and Public Health.
Revisión histórica de los primeros estudios sobre grounding. Debe interpretarse teniendo en cuenta las limitaciones del cuerpo de evidencia.

Ghaly M, Teplitz D. (2004). The biologic effects of grounding the human body during sleep as measured by cortisol levels and subjective reporting of sleep, pain, and stress. Journal of Alternative and Complementary Medicine.
Pequeño estudio sobre cortisol, sueño, dolor y estrés.

Brown D, Chevalier G, Hill M. (2010). Pilot study on the effect of grounding on delayed-onset muscle soreness. Journal of Alternative and Complementary Medicine.
Estudio piloto de ocho participantes sobre recuperación después del ejercicio.

Chevalier G, et al. (2019). The Effects of Grounding (Earthing) on Bodyworkers’ Pain and Overall Quality of Life: A Randomized Controlled Trial. Explore.
Ensayo pequeño sobre dolor, función física y calidad de vida.

Shuda Q, Bougoulias M, Kass R. (2020). Effect of nature exposure on perceived and physiologic stress: A systematic review. Complementary Therapies in Medicine.
Revisión sistemática sobre exposición a la naturaleza y estrés.

Jimenez MP, et al. (2021). Associations between Nature Exposure and Health: A Review of the Evidence. International Journal of Environmental Research and Public Health.
Revisión amplia sobre naturaleza y diferentes resultados de salud.

Nota editorial

Este artículo tiene fines educativos y no pretende diagnosticar, prevenir ni tratar enfermedades. La investigación específica sobre grounding continúa evolucionando y no sustituye intervenciones médicas con eficacia establecida. Si tienes una condición médica, dolor persistente o problemas importantes de sueño, consulta con un profesional de salud cualificado.


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