CoQ10: qué es, para qué sirve y qué sabemos sobre la energía celular

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La coenzima Q10 participa en uno de los procesos más fundamentales de nuestro organismo: la producción de energía dentro de las células. Pero entender su importancia biológica no significa asumir que tomar más CoQ10 automáticamente nos dará más energía. La historia es bastante más interesante.

Dentro de prácticamente cada célula de nuestro cuerpo existe una maquinaria microscópica trabajando de manera constante para mantenernos vivos. Allí se transforma parte de la energía contenida en los alimentos en ATP, la molécula que nuestras células utilizan para realizar gran parte de su trabajo.

En el centro de ese proceso están las mitocondrias. Y dentro de ellas aparece una molécula que rara vez recibe tanta atención como las vitaminas o los minerales, pero que desempeña un papel esencial: la coenzima Q10, conocida simplemente como CoQ10.

Nuestro organismo puede producirla por sí mismo. También obtenemos pequeñas cantidades a través de los alimentos. Sin embargo, sus concentraciones pueden variar con la edad, determinadas enfermedades y algunos medicamentos.

Por esa razón, la CoQ10 se ha convertido en uno de los suplementos más estudiados dentro de la salud cardiovascular, la función mitocondrial y el rendimiento físico.

Pero para entender cuándo puede tener sentido suplementarla, primero necesitamos comprender qué hace realmente.

¿Qué es la CoQ10?

La coenzima Q10 es una molécula liposoluble presente en las membranas celulares y especialmente relacionada con las mitocondrias.

Su función más conocida ocurre dentro de la cadena de transporte de electrones, un conjunto de reacciones mediante las cuales las células producen ATP.

Podemos imaginar este sistema como una cadena de transferencia de energía. La CoQ10 ayuda a transportar electrones entre distintos complejos mitocondriales, haciendo posible que el proceso continúe eficientemente.

No es simplemente una sustancia que “da energía”. Es una pieza de la maquinaria bioquímica que permite producirla.

Además, la CoQ10 participa en los sistemas antioxidantes del organismo, ayudando a proteger las membranas celulares y las lipoproteínas frente a procesos de oxidación.

Existen principalmente dos estados de esta molécula:

Ubiquinona, su forma oxidada.

Ubiquinol, su forma reducida.

Nuestro organismo puede convertir una en otra continuamente. Por eso, más que pensar en ellas como dos sustancias completamente diferentes, conviene entenderlas como dos estados de la misma molécula.

CoQ10 y mitocondrias: dónde comienza la historia de la energía

Cuando comemos carbohidratos, grasas o proteínas, el organismo no utiliza directamente esas moléculas como energía. Primero debe transformarlas.

Gran parte de ese trabajo ocurre dentro de las mitocondrias.

A través de diferentes rutas metabólicas, los nutrientes terminan proporcionando electrones que ingresan en la cadena respiratoria mitocondrial. Allí, la CoQ10 participa transportándolos entre distintos complejos hasta contribuir finalmente a la producción de ATP.

Y esto ocurre miles de millones de veces mientras caminamos, pensamos, entrenamos, respiramos o dormimos.

Por eso encontramos concentraciones importantes de CoQ10 en tejidos con altas demandas energéticas, como el corazón, los músculos, el hígado y los riñones.

Esta función explica también por qué la CoQ10 despierta tanto interés en investigación. Si una molécula participa directamente en la producción mitocondrial de energía, parece razonable preguntarse si aumentar su disponibilidad podría mejorar el rendimiento, disminuir la fatiga o favorecer determinadas condiciones de salud.

La respuesta, sin embargo, depende mucho del contexto.

¿Tomar CoQ10 significa tener más energía?

Aquí conviene hacer una distinción importante.

Que la CoQ10 sea indispensable para producir ATP no significa que suplementarla aumente automáticamente la energía de una persona sana.

El cuerpo regula la producción energética mediante muchos sistemas simultáneamente. Tener más cantidad de un componente no necesariamente acelera toda la maquinaria.

De hecho, los estudios realizados en ejercicio muestran resultados variables. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró que la suplementación aumenta de manera consistente las concentraciones de CoQ10 en sangre, pero los beneficios sobre el rendimiento físico fueron pequeños e inconsistentes.

Eso no convierte a la CoQ10 en un suplemento inútil. Simplemente cambia la pregunta.

En lugar de preguntar “¿la CoQ10 da energía?”, resulta más preciso preguntar:

¿En qué personas o circunstancias aumentar la disponibilidad de CoQ10 puede resultar beneficioso?

Y ahí la evidencia comienza a ponerse más interesante.

CoQ10 y salud cardiovascular

Pocos órganos trabajan tanto como el corazón.

Late aproximadamente cien mil veces cada día y necesita producir ATP constantemente para mantener sus contracciones. No resulta extraño, por tanto, que exista interés en la relación entre CoQ10 y función cardiovascular.

Uno de los campos donde más se ha estudiado es la insuficiencia cardíaca.

Diversos ensayos clínicos y metaanálisis han encontrado señales de beneficio cuando la CoQ10 se utiliza como complemento del tratamiento médico convencional en determinados pacientes con insuficiencia cardíaca, incluyendo posibles reducciones en hospitalizaciones y mortalidad.

Una revisión Cochrane, por ejemplo, encontró evidencia de calidad moderada de reducción de hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca, aunque también señaló limitaciones importantes en la calidad y heterogeneidad de los estudios.

Por tanto, estos resultados son interesantes, pero no significan que cualquier persona sana deba tomar CoQ10 para “proteger el corazón”. En pacientes con enfermedad cardiovascular, además, la suplementación debe discutirse con el profesional que supervisa su tratamiento.

CoQ10 y ejercicio: una historia todavía abierta

La relación entre CoQ10 y ejercicio parece lógica: más actividad muscular significa mayor demanda energética y mayor actividad mitocondrial.

Algunos estudios han encontrado reducciones en ciertos marcadores relacionados con daño muscular y estrés oxidativo después del ejercicio. Sin embargo, cuando observamos variables como fuerza, resistencia o rendimiento deportivo, los resultados son considerablemente menos consistentes.

Esto nos deja una conclusión más prudente: la CoQ10 puede influir en determinados marcadores fisiológicos asociados al ejercicio, pero todavía no puede considerarse un potenciador fiable del rendimiento deportivo.

Para una persona sana, dormir bien, entrenar correctamente, consumir suficiente proteína y energía, recuperarse adecuadamente y mantener una buena salud metabólica tendrán un impacto mucho mayor sobre el rendimiento que añadir CoQ10 esperando compensar fallas en esos fundamentos.

CoQ10 y estatinas: una relación que merece atención

Existe otra situación particularmente interesante.

Las estatinas inhiben la enzima HMG-CoA reductasa para reducir la síntesis de colesterol. Esa misma vía metabólica participa indirectamente en la síntesis de CoQ10.

Por eso, el uso de estatinas puede disminuir las concentraciones circulantes de CoQ10.

A partir de esta observación surgió una hipótesis razonable: quizá parte de los síntomas musculares que algunas personas experimentan al tomar estatinas podría relacionarse con esta reducción y, por tanto, suplementar CoQ10 podría ayudar.

Sin embargo, aquí también debemos separar el mecanismo de la evidencia clínica.

Que las estatinas reduzcan la CoQ10 circulante está bien establecido. Que suplementar CoQ10 elimine consistentemente los dolores musculares asociados a estatinas es bastante menos claro, ya que los ensayos y revisiones han producido resultados contradictorios.

Por tanto, una persona que experimente dolor o debilidad muscular mientras toma una estatina no debería simplemente añadir CoQ10 y continuar como si nada. Lo correcto es discutir los síntomas con su médico para determinar su origen y evaluar las diferentes opciones.

¿Disminuye la CoQ10 con la edad?

Las concentraciones de CoQ10 en determinados tejidos pueden cambiar a lo largo de la vida, y esta es una de las razones por las que el suplemento suele promocionarse después de los 40 o 50 años.

Sin embargo, debemos evitar convertir esta observación en una regla universal.

Cumplir 40 años no crea automáticamente una deficiencia de CoQ10 ni significa que todas las personas necesiten suplementarla.

La edad puede ser una variable relevante, pero también importan el estado de salud, la alimentación, determinados medicamentos y las características individuales.

Esto es especialmente importante cuando hablamos de longevidad.

La CoQ10 participa en procesos relacionados con función mitocondrial y defensa antioxidante, dos áreas estrechamente vinculadas con la biología del envejecimiento. Pero actualmente no existe evidencia clínica suficiente para afirmar que tomar CoQ10 prolonga la vida de personas sanas.

Puede formar parte de determinadas estrategias de suplementación, pero no deberíamos confundir plausibilidad biológica con longevidad demostrada.

¿Dónde encontramos CoQ10 naturalmente?

Aunque nuestro organismo produce CoQ10, también obtenemos pequeñas cantidades mediante la alimentación.

Entre las fuentes dietarias se encuentran las vísceras —especialmente corazón e hígado—, carnes, sardinas, caballa y otros pescados grasos, además de cantidades menores presentes en algunos frutos secos y otros alimentos.

Sin embargo, las cantidades obtenidas mediante la dieta suelen ser considerablemente inferiores a las utilizadas en estudios de suplementación.

Eso no significa que necesitemos alcanzar una “dosis terapéutica” a través de la alimentación. En una persona sana, el organismo también sintetiza su propia CoQ10.

Ubiquinona o ubiquinol: ¿cuál elegir?

Esta es probablemente una de las preguntas más frecuentes al comprar un suplemento.

La ubiquinona es la forma oxidada de CoQ10 y ha sido utilizada durante décadas en investigación.

El ubiquinol es su forma reducida y suele mostrar una biodisponibilidad favorable en determinadas formulaciones y poblaciones.

Sin embargo, decir simplemente que el ubiquinol es siempre “la forma superior” sería una simplificación. La absorción depende también de la formulación del producto, la dosis, la presencia de alimentos y características individuales.

Como la CoQ10 es liposoluble, generalmente tiene sentido tomarla junto con una comida que contenga grasa, lo que puede favorecer su absorción.

¿Cuánta CoQ10 se suele utilizar?

No existe una dosis universal que todas las personas necesiten.

En suplementos comerciales y numerosos estudios clínicos aparecen con frecuencia dosis alrededor de 100–200 mg diarios, mientras que investigaciones sobre condiciones específicas han utilizado cantidades superiores.

Pero aquí hay una distinción importante: una dosis utilizada en un ensayo clínico para una enfermedad determinada no debería convertirse automáticamente en una recomendación para una persona sana.

Si hablamos de suplementación general, el contexto importa más que perseguir la dosis más alta.

¿Cuándo tomarla?

Debido a que la CoQ10 es liposoluble, probablemente sea más importante tomarla con una comida que contenga algo de grasa que obsesionarse con una hora exacta.

Muchas personas prefieren utilizarla durante el desayuno o el almuerzo. Si alguien percibe que tomarla tarde interfiere con su descanso, simplemente puede moverla a una comida más temprana.

Seguridad y precauciones

La CoQ10 generalmente es bien tolerada, aunque puede producir molestias digestivas en algunas personas.

También merece atención en personas que utilizan determinados medicamentos, especialmente anticoagulantes como warfarina, debido a posibles interacciones.

Las personas con enfermedades cardiovasculares, quienes toman varios medicamentos, las mujeres embarazadas o en lactancia y quienes consideran utilizar dosis elevadas deberían consultarlo con su profesional de salud.

Y hay un principio todavía más importante: un suplemento no debería utilizarse para ignorar síntomas persistentes de fatiga.

Si una persona está constantemente agotada, el problema puede estar relacionado con sueño insuficiente, anemia, déficit energético, trastornos tiroideos, apnea del sueño, estrés, medicamentos, enfermedades metabólicas u otras causas que merecen investigarse.

Añadir CoQ10 sin entender primero el problema puede simplemente ocultar la pregunta correcta.

La CoQ10 dentro de una estrategia de salud

En ProHábitos no creemos que la salud se construya acumulando suplementos.

Se construye empezando por los fundamentos.

Dormir suficientemente. Moverse. Entrenar fuerza. Comer alimentos nutritivos. Mantener una buena salud metabólica. Exponerse a la luz natural. Recuperarse. Manejar el estrés. Construir relaciones. Tener propósito.

Después podemos preguntarnos qué herramientas adicionales tienen sentido.

La CoQ10 es particularmente interesante porque nos recuerda algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de energía: la energía que sentimos comienza con procesos microscópicos que ocurren continuamente dentro de nuestras células.

Pero comprender esa biología también nos obliga a evitar una trampa frecuente del mundo del bienestar: creer que porque una molécula participa en un proceso esencial, consumir más necesariamente mejora ese proceso.

A veces ocurre.

Otras veces no.

La pregunta importante siempre es para quién, en qué contexto y con qué evidencia.

Conclusión

La CoQ10 no necesita convertirse en un suplemento milagroso para resultar interesante.

Es una molécula fundamental en la producción mitocondrial de ATP y participa en los sistemas antioxidantes del organismo. Su suplementación aumenta eficazmente las concentraciones circulantes de CoQ10 y existen áreas clínicas —especialmente determinadas condiciones cardiovasculares— donde la investigación ha encontrado resultados prometedores.

En personas sanas, en cambio, los beneficios sobre energía, rendimiento y longevidad son mucho menos claros de lo que suele sugerir el marketing de suplementos.

Por eso, antes de preguntarnos qué suplemento puede aumentar nuestra energía, quizá deberíamos comenzar con una pregunta más básica:

¿Estamos creando las condiciones para que nuestro cuerpo produzca y utilice bien la energía que ya tiene?

Ahí comienza una estrategia de salud mucho más sólida.


Fuentes

PubMed — Systematic Review and Meta-analysis (2025): Coenzyme Q10 supplementation increases blood concentrations but shows limited and inconsistent effects on exercise performance. (PubMed)

Cochrane Review — Coenzyme Q10 for heart failure: revisión de ensayos clínicos sobre CoQ10 como terapia complementaria en insuficiencia cardíaca. (PubMed)

Eso ha dado lugar a afirmaciones extraordinarias: que crea nuevas mitocondrias, aumenta la energía, mejora la memoria, reduce la inflamación, protege el corazón, mejora el sueño e incluso favorece la longevidad.

La realidad científica es bastante más interesante —y también más matizada—.

Existen razones legítimas para estudiar el PQQ y algunos resultados en humanos son prometedores. Pero gran parte de lo que se afirma sobre este compuesto todavía procede de estudios pequeños, investigación experimental o mecanismos biológicos que no necesariamente se traducen en beneficios clínicos.

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